Las últimas precipitaciones han devuelto el dinamismo a varios humedales de la campiña jiennense, permitiendo al equipo de la Sociedad Ibérica para el Estudio y Conservación de los Ecosistemas reactivar sus trabajos de seguimiento sobre el terreno dentro del proyecto Humedales de Jaén: Conservación y Vida.
Tras semanas marcadas por la incertidumbre hídrica, las lluvias han cambiado el paisaje en distintos puntos de la provincia, donde se ha constatado la presencia de agua en cubetas que permanecían prácticamente secas. Entre todas las visitas realizadas, destacó especialmente la realizada a la Laguna de Garcíez, situada en el municipio de Torredelcampo.
Este humedal, incorporado en 2007 al Inventario de Humedales de Andalucía, representa uno de los escasos reductos acuáticos en una zona dominada por el olivar intensivo. Se trata de una laguna endorreica cuya dinámica depende en gran medida de la lluvia y de las escorrentías superficiales, aunque el papel del acuífero subyacente resulta esencial para garantizar la permanencia de agua en sus sectores más profundos durante los ciclos secos.
La existencia de esta lámina de agua estable favorece la consolidación de comunidades vegetales propias de ambientes húmedos, como masas de carrizos, eneas y juncales, que conforman un entramado natural de protección y cría para aves, anfibios y multitud de invertebrados. En medio de un paisaje agrícola homogéneo, la laguna funciona como un refugio ecológico clave para la biodiversidad local.
Desde el ámbito conservacionista se insiste en que el futuro del enclave pasa necesariamente por una gestión agraria compatible con la protección ambiental. La reducción del laboreo agresivo, el mantenimiento de cubiertas vegetales en el olivar, la limitación de fertilizantes y productos fitosanitarios o la creación de cinturones de vegetación natural alrededor de la cubeta son algunas de las medidas propuestas para minimizar la contaminación difusa y evitar la progresiva colmatación del humedal.
La historia de la Laguna de Garcíez evidencia además la fragilidad de estos ecosistemas: fue desecada en los años veinte del pasado siglo al amparo de la conocida Ley Cambó, una práctica habitual en aquella época que hoy se contempla desde una perspectiva muy distinta. Su recuperación y seguimiento actual simbolizan un cambio de paradigma, donde la conservación de los humedales se entiende no solo como una cuestión ambiental, sino también como una inversión en equilibrio territorial y sostenibilidad rural.